Célula – Multicelular

Biología’s Docs Célula - Multicelular

Ubicación: Célula.

Ideas principales: Teoría celular, organismos unicelulares y multicelulares, unidad estructural y diversidad funcional de las células.

Plan de discusión y ejercicios: Búsqueda, análisis y organización de la información, discusión sobre la célula como unidad estructural de todos los sistemas biológicos.

Una nueva vida

I

Todos estaban muy contentos en casa de Ana María. Desde temprano, su madre, sus tíos y sus hermanos mayores se movían de un lado a otro organizando la limpieza de la casa, colocando las mesas en el patio, preparando kilos de arroz y de mole, dando el toque final a los arreglos para el centro de las mesas.

En un momento de respiro, a la mitad de la tarea de pegar flores de papel en un letrero multicolor, Ana María se había quedado absorta viendo el ir y venir de las mujeres y hombres de su casa, en esos preparativos de la fiesta. El movimiento le recordó algo que había visto en un documental de la TV, que mostraba cómo las abejas entraban y se comunicaban, danzando, para indicar a otras abejas dónde estaban las flores más apetitosas. De alguna forma ver los movimientos, las indicaciones, las risas y hasta los gritos que hacían sus seres queridos le recordaban esa colmena en actividad. Todos estaban muy emocionados.

Ana María siguió pegando las flores en el letrero. Estaba quedando bonito, sobre todo muy alegre, adecuado para la ocasión. Buscó con la mirada a su tía Rosy, que siempre se encargaba de dar el visto bueno a todos los adornos, y se sorprendió al ver que Andrés, su hermanito, estaba sentado muy callado, aislado del ajetreo de la fiesta.

“Algo muy raro le está pasando”- pensó Ana María, porque ella sabía que Andrés era un niño bastante sociable, al que incluso en ocasiones era necesario regañarlo porque hablaba demasiado.

Tomó el letrero y se fue a ver qué pasaba. Cuando Ana María se acercó, Andrés de inmediato le dijo: “Está bonito el letrero. Estoy bien.” Ana María le sonrió y le dijo: “Sí, todos estamos contentos, ¿verdad?”. Andrés la volteó a ver y le dijo: “Sí, yo también. Lo que pasa es que no entiendo una cosa que me dijo mi tío Paco”. Esas palabras despertaron la curiosidad de Ana María, pero justo en ese momento su tía Rosy le estaba llamando: algo pasaba en la cocina y tenía que ir a ayudarle.

Con voz dulce, le dijo a su hermanito “Andrés, en un ratito platicamos.” Ana María se levantó y pronunció un “Ya voy, ya voy” para que su tía supiera que respondía al llamado.

Ana María sintió un poco de frustración cuando vió que la tía Rosy se había olvidado del letrero y que ahora tenía como prioridad que la ayudara a acomodar una gran cantidad de charolas, vasos y adornos que iban a la mesa de los dulces. ¡Eran muchísimas cosas! Trabajo como para dos horas… y el letrero todavía no estaba terminado.

Miró hacia el patio y vió que Andrés ya estaba ocupado colocando los manteles con el tío Paco. Tal vez ya hasta se le había olvidado eso que no entendía.

Ana María estaba colocando unos chocolates cuando escuchó la voz de Andrés, discutiendo con su tía Martha: “… pero es que no entiendo, ¿por qué dicen que es cómo una vida nueva? ¿por qué dicen que es el riñón de una muerta lo que tiene ahora mi abuelita ADENTRO de su cuerpo?”

La tía Martha, le dijo a Andrés: “pues te lo voy a volver a explicar, no te preocupes. ¡Aunque me tarde dos años!”

 

II

La primera vez que tuvieron que llevar al hospital a Sara, la abuela de Ana María, todos estaban sorprendidos. Sara era de esas mujeres fuertes que nunca se enfermaban, una persona que siempre ayudaba a todos, y tal vez por eso a nadie se le había ocurrido que se pudiera poner tan grave de un momento a otro.

El cumpleaños de Sarita, la nieta mayor de Sara, era un gran evento familiar y como en muchas otras fiestas, estaban presentes todos los miembros del clan, como siempre, dispuestos a ayudar y a divertirse. A pesar de la música, todos escucharon el momento en que Sara se desplomó, pálida y con un gran dolor en su costado. Ni siquiera podía gritar de lo mucho que le dolía. Ana María, asustada, vió cómo sus tías Rosy y Martha trataban de hacer algo por su madre, mientras el tío Paco vociferaba pidiendo la ambulancia.

Treinta largos y silenciosos minutos pasaron entre el momento en que los paramédicos se llevaron a Sara, acompañada por la tía Martha y el tío Paco hacia el hospital y cuando los que se quedaron, se fueron animando a hablar. Poco a poco, comenzó el murmullo, comentando lo que había pasado, tristes, preocupados. Algunos invitados se despidieron y algunos de los niños se fueron a dormir. Ana María se quedó, esperando, preocupada, noticias de su abuela. Los mayores pasaron la madrugada pendientes de sus teléfonos celulares, pero nada se sabía.

A las nueve y media de la mañana, la tía Rosy recibió la información: la abuela Sara estaba en terapia intensiva, algo de los riñones, y el asunto iba a llevarse varios días, en lo que los médicos hacían algo. No había visitas en el hospital. Sí, era grave, “pronóstico reservado”. La tía Martha ya iba para la casa, ella les contaría.

Martha, había estudiado QFB y se dedicaba a los análisis clínicos. Ana María pensó que ella era la más indicada para contar lo que pasaba, pues su tío Paco, que había estudiado la misma carrera, a veces sonaba como un manual técnico, usando palabras que no se entendían, como eso que había dicho de “insuficiencia renal aguda” y miles de detalles de cantidades y compuestos químicos que no eran necesarios para saber de qué estaba alguien enfermo.

Cuando la tía Martha regresó del hospital se veía cansada, y sobre todo preocupada. Carmen, la madre de Ana María, le ofreció un café caliente y algo de comer. La tía Martha sentía un nudo en la garganta, así que prefirió tomar el café con pequeños sorbitos, mientras reunía las fuerzas para dar las noticias a su familia. Las noticias eran malas, la abuela no estaba nada bien.

Comenzó a hablar, mirando a Carmen y a Rosy, como si nadie más estuviera presente, pero mantuvo su voz fuerte, para que todos escucharan:

“Mi mamá tiene un grave daño en los riñones. No se sabe cuál es la causa, puede ser una infección, un quiste o algo hereditario. Están tratando de estabilizarla, porque como su riñón está mal, no purifica su sangre, y por eso, se ha llenado de productos que la intoxican que pueden causar daño a todo su cuerpo”- La tía Martha titubeó un poco, quería ofrecer a sus hermanas un panorama honesto, pero sin provocarles mucho dolor o preocupación.

“Bueno… “ continuó Martha – “ ahora está en terapia intensiva y le están ayudando con una máquina de diálisis para desintoxicar su sangre, para que vuelva el equilibrio y también, para saber bien cuál es el problema. Los médicos confían en que en dos tres días estará mejor y ya la tendremos de vuelta en casa, para que nos regañe si no la cuidamos bien. Ustedes saben bien cómo es doña Sara”

Carmen y Rosy, respondieron al mismo tiempo: “Ay, mi mamá”. Ana María sabía bien que esa respuesta era una reacción instantánea de hermanas gemelas, casi como de telepatía. La siguiente pregunta al unísono fue: “¿Y cuándo podemos ir a verla al hospital”. Su parecido físico y este tipo de reacciones siempre llamaban la atención, y mucha gente les preguntaba cómo se sentía tener una “copia fiel”. En esas ocasiones, ellas se reían, al mismo tiempo y cruzaban miradas cómplices.

Las tres hermanas fueron al hospital ese y varios días más. Cubrieron turnos con su hermano Paco para que su madre nunca estuviera sola. Ana María les veía llegar cansados y tristes. Les daba un poco de ayuda cocinando y sirviendo la comida cuando llegaban.

Pasaron quince días, hasta que los médicos dijeron que era tiempo de que la Sra. Sara regresara a su casa. Ahí la tendrían que cuidar hasta que encontraran quién donara un riñón, pues los de ella, ya no funcionaban.

Así, comenzó un periodo complicado para todos, con constantes vueltas al hospital cuando aparecían problemas y tenían que llevar a la abuela a terapia intensiva.

La máquina de diálisis estuvo junto a la cama de la abuela casi dos años. El tiempo que duró la espera del riñón.

El sentimiento era confuso: una joven había tenido un grave accidente y esto significaba una nueva vida para muchas personas, entre ellas, la abuela de Ana María. “La muerte que da vida” había dicho una de las trabajadoras sociales que atendían el caso de la abuela Sara.

 

 

III

Mientras seguían los preparativos de la fiesta, la tía Martha tenía abrazado a Andrés para tenerlo cerca al explicarle. En realidad, entendía que el niño tuviera tantas preguntas, pues los trasplantes de riñón realmente parecían una cosa fantástica: Cuando el riñón, el hígado o hasta el corazón deja de funcionar, los médicos pueden tomar ese órgano de un donador, y colocarlo en la persona que lo necesita, como si se tratara de reemplazar la pieza de una máquina descompuesta.

Martha pensó que justo esa es una de las ventajas de que nuestro cuerpo esté compuesto de numerosas células, cada una de ellas vivas, agrupadas en órganos, donde colaboran con funciones especializadas que mantienen a todo el cuerpo: unos órganos como el cerebro ayudan a coordinar los sentidos y el movimiento, otros órganos como los riñones, eliminan las impurezas y ayudan a mantener el equilibrio del agua y las sales del cuerpo. Las células viven en grupos, pero cada una de ellas es una unidad independiente de vida.

El pequeño Andrés, pensaba en el cuerpo como un todo, por eso se le hacía difícil pensar que cada parte podía tener una vida independiente de otra parte. Andrés pensaba que el riñón de un muerto no podía seguir viviendo. “Vives o mueres, ¿no es así, tía?” le había dicho.

Martha trataba de explicarle a Andrés, igual que muchas veces le explicó Sara, su madre, que se podría pensar que nuestro cuerpo es como una colmena llena de abejas, cada una de ellas individuales, pero que tienen forma de comunicarse y colaborar para ciertas funciones: unas salen a buscar la miel, otras construyen las celdas, otras cuidan a la reina, otras cuidan a las larvas. Si matas a una abeja individual puede que no pase nada, pero si por alguna razón mueren todas las abejas que se encargan de una función, la colmena puede morir. Y a veces, cuando ocurre un accidente, la reina y algunas abejas pueden irse lejos y fundar una nueva colmena.

“Andrés, cada una de las partes de nuestro cuerpo está formada por células, cada célula está viva como cada una de las abejitas de una colmena” – dijo la tía Martha-… “De hecho, todos los días se mueren células en tu cuerpo, mira por ejemplo las de tu piel, o cuando te raspas o te cortas, te sale sangre: las células de la sangre se mueren separadas de tu cuerpo, cuando se secan. Pero, si las pones en un medio adecuado, pueden durar mucho, como cuando la gente va a donar sangre que sirve para salvar a personas que han tenido hemorragias en un accidente.”

Ana María escuchaba con atención, mientras su tía continuaba hablando con Andrés- “El riñón de tu abuelita Sara, se enfermó y dejó de funcionar, así que necesitaba otro, uno que sí funcionara. Las otras partes del cuerpo de tu abuelita seguían funcionando, sólo el riñón ya se había descompuesto y por eso, tenían que usar la máquina de diálisis. Los médicos estuvieron buscando a alguien que le pudiera regalar un riñón en buen estado, nos hicieron análisis a mí, a tu mamá, y a varios más, pero no eran lo que tu abuela necesitaba. Resultó que el más adecuado estaba en el cuerpo de una persona que tuvo un grave accidente. El cuerpo de esta persona ya no iba a necesitar ese riñón y tampoco otras partes del cuerpo, y además, esta persona había firmado un documento para que, en caso de accidente fatal, sus órganos ayudaran a mejorar la vida de otros.”

“Los médicos sabían que tu abuela necesitaba ese riñón para vivir mejor, sin necesidad de hacerse diálisis y por eso, se lo trasplantaron. Ahora tu abuela va a poder hacer muchas cosas que ya no hacía por su enfermedad. Vas a ver que realmente, será como una nueva vida, gracias a la donación. Es un regalo de vida, pues el riñón está vivo, sólo lo tenían que colocar en otro cuerpo vivo, para que siguiera funcionando.” Martha volteó a ver a Andrés, que estaba callado pensando.

De pronto, Martha se dio cuenta de la hora y, buscó con la mirada a Ana María. Así se dio cuenta que también su sobrina estaba atenta a la explicación. Le sonrió con ternura, mientras señalaba el reloj y le dijo:

“Anita querida, tienes que terminar ese letrero para recibir a tu abuela. Te está quedando muy bonito, me gusta que dice “Bienvenida a una nueva vida”… Va a estar feliz de vernos a todos en una fiesta.”

Actividades:

  1. Discutan cuáles son las funciones de los riñones y qué pasa cuando hay una falla en las mismas.
  2. Elaboren un esquema para mostrar el funcionamiento de una máquina de diálisis, considerando cómo puede sustituir la función de los riñones.
  3. Considera la explicación de la tía Martha, al comparar un cuerpo humano con una máquina. Discute cómo te parece esta comparación: ¿Cuándo alguien se enferma, “es como si se descompone un reloj”?
  4. Elabora un cuadro comparativo entre la vida de una colmena de abejas y lo que es un cuerpo humano. Usa esta idea para hablar de los niveles de organización en organismos multicelulares.
  5. Discute con tus compañeros: ¿te gustaría donar sangre?
  6. Un problema en México, es la falta de donantes de órganos. Muchas personas lo necesitan y sus vidas serían beneficiadas si contaran con la posibilidad de tener un trasplante, sin embargo, muy pocas personas se ofrecen como donadores. Elabora con tu equipo una campaña para que los jóvenes consideren la importancia de ser donadores. Expongan sus ideas y discútanlas con su profesor.

Attachments